La metamorfosis política entrerriana: Peronismo Amplio Renovador y la delgada línea entre la renovación y el reciclaje
Tras el histórico revés electoral de 2023, el PJ de Entre Ríos busca reconfigurar su estrategia de cara a 2027 mediante el lanzamiento del PAR. Sin embargo, detrás de las caras jóvenes y el discurso de la frescura generacional, emergen los mismos hilos conductores, padrinazgos y estructuras que sostuvieron las administraciones de Sergio Urribarri y Gustavo Bordet.
La derrota electoral de 2023 significó un sismo político para el peronismo de Entre Ríos, clausurando dos décadas ininterrumpidas de hegemonía en el poder provincial y forzando a la coalición a una obligada llanura bajo la gestión de Rogelio Frigerio.
En este escenario de dispersión, orfandad de conducción y necesidad de reconstrucción territorial, ha comenzado a moldearse el Peronismo Amplio Renovador. Esta corriente interna se presenta ante la opinión pública bajo la seductora bandera de la renovación generacional con la mira puesta en las elecciones de 2027.
No obstante, al descorrer el velo de los nuevos rostros que pretenden liderar las boletas locales, se observa con claridad que el armado responde a las terminales políticas más tradicionales y consolidadas del partido, en particular aquellas ligadas de forma directa al urribarrismo y al posterior esquema de poder del bordetismo.
La estrategia ensayada por esta facción se asienta sobre la promoción de figuras jóvenes o con menor desgaste público en municipios clave de la provincia. La presentación formal de postulaciones para intendencias y departamentos incluye nombres como el de Javier Orduna para Concordia, Fernando Irigoyen en Gualeguaychú, Laura Rupp en El Pingo, José Scheifler en Los Charrúas y Federico Gallardo en Gualeguay. Con esta oferta electoral, el PAR busca transmitir la sensación de un nacimiento espontáneo y puramente renovador.
Sin embargo, el análisis minucioso del mapa de apoyos y la genealogía política de sus integrantes revela que las raíces del espacio se hunden profundamente en el pasado inmediato de la provincia, constituyendo más una reorganización de los sectores derrotados que una verdadera autocrítica estructural.
El peso de las estructuras heredadas
Lejos de tratarse de una fuerza que emerge de los márgenes o de la militancia de base sin ligazones estatales, el nacimiento del PAR cuenta con el impulso explícito de figuras centrales del kirchnerismo entrerriano y del aparato partidario tradicional.
Diputadas nacionales como Carolina Gaillard y Blanca Osuna, cuyos recorridos políticos han estado estrechamente entrelazados con las administraciones de Sergio Urribarri y la posterior continuidad bajo Gustavo Bordet, actúan como las principales arquitectas detrás de este armado.
A este núcleo impulsor se suman, de manera directa o mediante adhesiones tácticas, dirigentes de peso específico en la historia reciente de la provincia como el histórico referente paranaense Julio Solanas, el exintendente de Gualeguaychú Martín Piaggio, el exministro Juan Javier García y el propio Adán Bahl, quien fuera el candidato a gobernador del espacio en la última contienda electoral.
Esta confluencia de voluntades evidencia que el verdadero propósito del espacio no es jubilar a la vieja guardia, sino ofrecerle un refugio político y una plataforma de retorno al poder.
Ante la falta de una jefatura única y vertical tras la pérdida de la gobernación, los sectores que dominaron el Estado entrerriano durante los últimos veinte años ensayan un repliegue táctico, utilizando la frescura de nuevos nombres para blindar las estructuras tradicionales del desgaste que dejaron las sucesivas gestiones y los resonantes escándalos judiciales que marcaron la época.
La postulación de Javier Orduna en Concordia es sumamente sintomática de esta continuidad dinástica. Orduna no representa una irrupción ajena al ecosistema del PJ, sino la continuidad de un apellido histórico: es hijo de Hernán Orduna, exvicegobernador de la provincia y exintendente de Concordia, además de un técnico de extrema confianza del peronismo que ha ocupado roles de alta relevancia en la Comisión Administradora del Río Uruguay y en la gestión de la Hidrovía.
De igual manera, Fernando Irigoyen, la carta del espacio para disputar el poder en Gualeguaychú, consolidó su trayectoria como coordinador departamental del Ministerio de Desarrollo Social durante las gestiones peronistas, integrando orgánicamente la misma estructura que hoy se pretende presentar como una etapa superada.
El fenómeno se repite a escala de los gobiernos locales de menor envergadura pero de alto valor simbólico.
La intendenta de El Pingo, Laura Rupp, quien ofició de anfitriona en el lanzamiento formal del espacio, cuenta detrás de su armado político con la figura y el padrinazgo de Diego Plassy, exintendente de la misma localidad y su pareja actual.
Este tipo de continuidades familiares y de traspaso de mandatos locales demuestra que, cuando se examinan los detalles territoriales, la mentada renovación se reduce en gran medida a una rotación de nombres dentro del mismo círculo de influencia de siempre.
El límite de la cosmética ante la ausencia de autocrítica
El principal desafío que enfrenta el Peronismo Amplio Renovador en su intento de interpelar a un electorado entrerriano que ya le dio la espalda en 2023 no radica en la edad o en la legitimidad de sus jóvenes candidatos para competir por cargos públicos.
El verdadero interrogante que sobrevuela sobre este relanzamiento es de carácter ético e ideológico: ¿Qué es exactamente lo que el PAR propone renovar dentro del peronismo?
Hasta el momento, la propuesta del espacio se ha limitado a la puesta en escena, la difusión de piezas de comunicación política, fotografías grupales y consignas atractivas en redes sociales, eludiendo de manera sistemática cualquier debate de fondo sobre el balance de las últimas dos décadas de administraciones justicialistas en la provincia.
No se percibe en los discursos fundacionales del PAR un análisis riguroso o una autocrítica explícita sobre el abultado endeudamiento provincial, el sobredimensionamiento de las estructuras estatales o la extensa lista de procesos judiciales por corrupción que terminaron con severas condenas a exfuncionarios de primera línea de la gestión de Sergio Urribarri.
Al evitar pronunciarse sobre el pasado reciente y sobre la responsabilidad política de sus actuales promotores y padrinos, la propuesta del PAR se asemeja más a un cambio estético de vidriera que a una reforma estructural del peronismo entrerriano.
La estrategia de colocar rostros amigables y con menor exposición pública en la primera línea, mientras los históricos armadores del urribarrismo y el bordetismo manejan los hilos desde las sombras de la mesa de conducción, expone los límites de una renovación que parece diseñada no para transformar el ejercicio del poder, sino para conservar las cuotas de influencia necesarias que les permitan intentar el regreso al gobierno en 2027.







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